miércoles, 10 de octubre de 2012

Visita de Socialización del Proyecto de Nuevas Tecnologías Por parte del Ministerio de Cultura y Dirección del Proyecto

Reglamento de la Biblioteca


REGLAMENTO INTERNO
Centro Cultural y Biblioteca León de Greiff


DERECHOS DE LOS USUARIOS

Ø Entrada libre y gratuita.

Ø Hacer uso de todas las colecciones y materiales de consulta.

Ø Participar en las actividades y programas de la biblioteca.

Ø Disfrutar de los servicios y espacios de la biblioteca.

Ø Dialogar con otras personas (en tono moderado).

Ø Recibir un trato y una atención amable, oportuna y permanente.

Ø  Hacer sugerencias y recomendaciones de manera amable que contribuyan a mejorar la calidad de los servicios.

Ø Permanecer en la biblioteca el tiempo que requiera, dentro de los horarios establecidos.

DEBERES DE LOS USUARIOS

Ø Cuidar los libros que le han sido prestados, no rayarlos, mutilarlos ni ensuciarlos, permitiendo de ésta forma que otras personas puedan disfrutar de ellos.

Ø Cuidar y mantener en buen estado las instalaciones, mesas, sillas y equipos de la biblioteca.

Ø Reponer los libros en caso de deterioro o pérdida.

Ø No fumar ni consumir alimentos o bebidas en la sala de lectura  y de sistemas de la biblioteca.

Ø  Mantener un tono de voz moderado para no incomodar a las demás personas.

Ø No ingresar animales, armas o bicicletas, ni en estado de embriaguez a la biblioteca.

Ø Dirigirse con amabilidad y no agredir ni física ni verbalmente a los demás usuarios o funcionarios de la biblioteca.


Datos personales

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Gestora Cultural de la Universidad Católica de Pereira-Estudiante de Tecnología en Gestión Bibliotecaria SENA-MINCULTURA

Federico Garcìa Lorca

Medio pan y un libro


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Medio pan y un libro.


Alocución de Federico García Lorca al pueblo de Fuente Vaqueros (Granada) en septiembre de 1931:

"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. «Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.


"Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

"No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

"Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?


"¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

"Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: «Cultura». Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz".



(A PUNTO DE CUMPLIRSE 80 AÑOS DE AQUEL DISCURSO, SIGUE VIGENTE)